La Doro C300 es la única silla de esta comparativa que viene del mundo de la ergonomía de oficina y no del gaming, y las diferencias saltan a la vista. No hay reborde racing, no hay costuras de colores y no hay cojines atados: hay malla transpirable en todo el respaldo y un mecanismo lumbar que se desplaza solo cuando te mueves.
Ese lumbar autoportante es su argumento principal. En lugar de un cojín que se descoloca o una rueda que hay que ajustar, el apoyo va montado sobre un marco triangular flexible que sigue la espalda al reclinarte. Se acompaña de un reposacabezas ajustable en tres ejes —sube 4,5 cm, avanza 6,5 cm y bascula 20°— y de reposabrazos 3D que se sincronizan con la reclinación.
El apartado de seguridad es el más serio del catálogo: cumple EN1335, tiene certificación TUV alemana, BIFMA de SGS y pistón de gas de clase 4 certificado. Ninguna silla gaming de esta comparativa acumula tantas homologaciones. La altura de asiento va de 47 a 55 cm, un recorrido amplio que la hace apta para gente baja y alta.
A cambio hay que asumir dos cosas. La primera es que la malla es firme: si buscas hundirte en acolchado, esta silla te va a parecer dura. La segunda es que el montaje lleva su tiempo — los compradores hablan de bastante más de lo que promete la caja.